Salmo 123 Hacia ti dirijo la mirada, hacia ti, cuyo trono está en el cielo. 2 Como dirigen los esclavos la mirada hacia la mano de su amo, como dirige la esclava la mirada hacia la mano de su ama, así dirigimos la mirada al Señor nuestro Dios, hasta que nos muestre compasión.
Salmo 124,2 Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte cuando todo el mundo se levantó contra nosotros, 3 nos habrían tragado vivos...
Este salmo expresa dos momentos en la vida del Pueblo de Israel, el momento de la angustia de ser devorados por los enemigos y el momento de la liberación, pero entre uno y otro momento hay algo que hace esa ruptura y es: la forma de acercarse a Dios, no hay reclamos, no hay exigencias, solo hay súplica, el clamor de un corazón angustiado, un corazón que se sabe indigno de tal misericordia, que entiende su precaria condición y su merecido castigo, sin embargo apela a la gracia del Dios de toda misericordia, dirigen su mirada al cielo esperando la misericordia del jornal, como el esclavo que espera algo que no le corresponder por derecho porque los esclavos no tenian ningun derecho de reclamar nada, pero si podían reecicon toda gratitud las dádivas de sus amos.
Es menester que aprendamos a acercarnos a Dios fuera de las exigencias y los reclamos religiosos como si existiera merito alguno el cual reclamar, no existe un dame en un corazón que sabe que lo ha perdido todo, solo existe un TEN MISERICORDIA, un clamor que dice ACUERDATE, escúchame, atiéndeme, aunque no lo merezco, pero mirame.
Cuantas cosas pueden venir en nuestra contra, cuantas cosas puedan pasar y procurar nuestro mal, pero mayor es la gracia que aun sin merecerlo nos impide ser tragados vivos por nuestros enemigos alcanzando la compasión, de la cual podrás decir como sigue en los salmos: grandes cosas ha hecho Dios con éstos.
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